El sesgo del informe sobre series realizado por CIMA y patrocinado por el M. de Igualdad
- Toya Solís
- 27 oct 2020
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 3 abr 2021

Como sabemos, las series son una inmensa fuente de información que no solo reproduce, sino que produce, estereotipos machistas y de toda índole. Por ello, el Estudio sobre estereotipos, roles y relaciones de género en series de televisión de producción nacional: un análisis sociológico (firmado por CIMA- Asociación de Mujeres Cineastas y del Audiovisual el 8 de septiembre de 2020) es, sin duda, un trabajo más que necesario.
Nuestro objetivo no es realizar un estudio exhaustivo del informe, sino destacar algunos aspectos que han llamado nuestra atención. Uno de ellos es el análisis del «rol de mujer sumisa»[1], que aparece en series como Skam y Paquita Salas, entre otros títulos propuestos en el documento. Esto nos deja estupefactas, puesto que creemos que es muy importante fijarse en la intención de cada serie. Skam es, principalmente, para adolescentes y lo que busca es poner en jaque el imaginario sexista que se halla naturalizado en nuestra sociedad. Podemos decir, por tanto, que Skam tiene una finalidad educativa[2], independientemente de las críticas que podamos hacerle. La estrategia utilizada para tal fin es la búsqueda de la (auto)identificación de la audiencia con sus personajes y sus historias para su ulterior reflexión. Es decir, se presentan diversas situaciones en las que se trata de desarticular los estereotipos machistas (en diversos estadios) a través del desmenuzamiento de cada caso. Finalmente, la propia narrativa ofrece una solución final que hace las veces de conclusión y/o compendio de argumentos para seguir recapacitando.
Por su parte, Paquita Salas tiene una clara intencionalidad cómica; es decir, su principal objetivo es causar hilaridad. Como sabemos, el recurso cómico también es un potente productor de realidad, que puede ser machista y misógina.
En el referido informe, también se menciona el «rol de mujer hipersexualizada». Se hace alusión a lacosificacióny cita las siguientes series: Las chicas del cable, Élite, Gigantes y La que se Avecina. Sin embargo, no consta Paquita Salas, lo que llama poderosamente nuestra atención, pues la cosificación en esta serie es constante. Dice el estudio de CIMA que han «contabilizado aquellos planos o escenas en los que aparecía el cuerpo de la mujer, o alguna parte de éste, en situación de exposición sexualmente cosificada» (p. 38). Nada más lejos de la realidad, como comprobamos a través del visionado crítico de Paquita Salas y los siguientes ejemplos.
Proponemos el momento en el que Lidia San José (haciendo de ella misma) está grabando un anuncio de leche y Noemí Argüelles (Yolanda Ramos) le dice: «Que chorree el bigote, del labio inferior. Quiero que me deis leche y vosotros veréis de qué tipo. Esto es lo que quiere la marca». Este tipo de cita —que podría pasar desapercibida entre otras tantas— no es cuestión baladí, ya que se repite constantemente, hasta anestesiar el pensamiento crítico. Intentamos ponernos en la tesitura de pensar en la posibilidad de que este tipo de recurso pudiera ser leído como una reflexión, pero se convierte en una empresa excesivamente complicada, pues toda la potencialidad crítica queda rápidamente disipada por la actuación de la, sin duda carismática, Yolanda Ramos y por el diálogo gestual posterior que mantiene con la propia Paquita. Esta recreación en lo vacuo, en la forma, eclipsa a una Lidia que se mantiene en un discreto segundo plano, presentada en un registro pusilánime, sin agencia alguna. Así, este humor machista —más propio de La corte del Faraón (Vicente Lleó) que de dos directores jóvenes y supuestamente rompedores (los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi)— queda naturalizado en pleno siglo XXI.
Veamos cómo CIMA/ el Instituto de la Mujer (Ministerio de Igualdad) concibe el machismo [sigue en el pie de página[3]]:
Consideramos machismo -y adjetivamos como machistas- no sólo “la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” (diccionario de la RAE) sino también las palabras, actitudes y acciones que muestran de modo manifiesto desprecio, insolencia o falta de respeto hacia un personaje femenino por serlo o con características o rasgos feminizados (diversidad sexual). […] También hemos analizado si el machismo de unos personajes respecto de otros se muestra (por parte del guión [sic.]) con simpatía y comprensión o, por el contrario, con rechazo. Es decir, si la instancia narradora promueve (mediante diversos procedimientos de descripción y proyección con los personajes) la complicidad o la actitud crítica de los espectadores. En definitiva, si el relato en su conjunto es machista y androcéntrico y genera complacencia, benevolencia y simpatía hacia los personajes que se manifiestan de ese modo (p. 38).
¿Acaso CIMA no es consciente de que «la instancia narradora» de los Javis promueve «la complicidad de los espectadores» a través de la generación de «simpatía hacia los personajes que se manifiestan» de forma machista (parafraseando al informe)?
Si este ejemplo no es suficiente, veamos cómo frivoliza con una figura emética: Torbe, director y productor de cine porno. En la serie, Noemí Argüelles es una esteticién que forma parte de un negocio de estafa piramidal. Entre risas, dice que trabajó con Torbe, al que se refiere del siguiente modo: «Hay directores muy fetichistas, que todo lo que les rodea lo quieren auténtico. Por ejemplo, a Torbe no le des nada del Todo a Cien. […] un director…, mi preferida es Leche 69». Torbe ha sido acusado por corrupción de menores, distribución de pornografía infantil y abusos sexuales[2]. ¿En qué momento CIMA no se percata de que esto atenta contra la integridad de las mujeres y las niñas? ¿acaso hay lugar para la risa?
En el diálogo que mostramos a continuación, corroboramos la línea seguida por los Javis, basada en la cosificación del cuerpo de las mujeres e incluso en su potencial capitalización:
«—Paquita Salas: «Eso del Tinder…, de lo de Belinda [Washington], da dinero?
—Noemí Argüelles: Si eres lista…, el Tinder da dinero».
Todo esto sin mentar la risa que a los directores y guionistas de Paquita Salas les produce el estereotipo de la «mujer tonta», al que recurren con mucha asiduidad. El personaje de Belinda Washington (hace de ella misma) es tratado con cierto desdén en este sentido, si bien los Javis deciden redimirla de su rol a través de su carácter «pícaro». Es decir, presentan a una Belinda que solo parece contar con su cuerpo para salir adelante (en diferentes momentos se realizan diversas menciones a las mujeres prostituidas desde la jocosidad). De ser así, ¿en qué situación se encuentra esta mujer como para tener que mercantilizar con su cuerpo? ¿les hace gracia esto a los Javis? Pero Belinda no es la única mujer a la que representan como acabada. Hacen lo mismo con Ana Obregón (que hace de ella misma); es decir, se ríen de las mujeres cuya carrera en el cine o la tele está en decadencia y no solo aportan soluciones mercantilistas de sus cuerpos, sino que, a su vez, las naturalizan y, para más inri, se ríen de ello. Sin embargo, tratan de hacerlo pasar por un falso empoderamiento. No cabe más misoginia, pues no nos imaginamos a Ramonchu ni a Carlos Sobera en estas situaciones. A la vez, la sororidad brilla por su ausencia. No tiene sentido aplaudir cómo Belinda Washington resolvió el problema en el que se vio inmersa cuando un vídeo íntimo suyo se hizo público «gracias» a la ayuda de sus compañeras (con el famoso Cinco deditos), si el resto de las veces se la(s) veja. Con frecuencia se ríen del aspecto y las capacidades de otras mujeres. Como decíamos, a sus creadores les encanta el estereotipo de «mujer tonta». Por ejemplo, Noemí Argüelles, sobre su producto cosmético Divacel (negocio estafador): «Me han criticado por quemaduras en la cara. Es que hay mucha tía tonta». De nuevo, y en primera instancia, esto puede parecer leve, pero su excesiva recurrencia acaba generando un imaginario donde la «inocencia» de personajes —como el de Magüi Moreno (Belén Cuesta)— se convierte en motivo de burla.
Creemos que en Paquita Salas no se utiliza siquiera una «versión benevolente de machismo», utilizando las palabras del informe, sino que lo único que se consigue es frivolizar con temas realmente serios. Esta serie no invita a la reflexión, sino que se jacta de moverse en los límites de lo «políticamente incorrecto», donde son las mujeres las que salen perjudicadas.
Dotamos de mucha importancia a la recepción de la serie porque nos aporta pistas sobre qué es lo que piensa la audiencia. Cuando buscamos «Mejores momentos Noemí Argüelles en Paquita Salas» en Youtube, nos percatamos de que lo que más hace reír a la gente son, precisamente, esa sarta de citas/comportamientos machistas.
Para finalizar, nos llama la atención que en este informe sobre algunas series españolas aparezca una crítica a Cuéntame cómo pasó porque utilizó una mujer para representar a un personaje de una transexual. Del mismo modo, en un capítulo de Paquita Salas se reivindica que sean las personas transexuales las que hagan papeles de transexuales. Lícito, pero ¿acaso se le pasó a CIMA que el actor de Paquita Salas es un hombre, Brays Efe? ¿No es esto un agravio también? ¿o resulta que los Javis prefieren un hombre para destacar y ridiculizar ciertos elementos tópicos, machistas y esencialistas de las mujeres, haciéndolos pasar por algo cómico? De nuevo, esta misoginia parece sacada de un entreacto de la citada zarzuela de Lleó, de 1910.
En definitiva, pensamos que existe un sesgo importante en el informe de CIMA, pues muestra cierta aleatoriedad a la hora de analizar unas y otras series. A Skam le presupone un público poco crítico, ingenuo, sin recorrido. Sin embargo, se supone que todos los momentos denigrantes y machistas de Paquita Salas son perfectamente analizados por la audiencia. De nuevo, nada más lejos de la realidad. Lo interesante es descubrir que Skam está calificada para mayores de 16 años, mientras que Paquita, para mayores de 13. Sea como fuere, la gracia (para nosotras poca) de los Javis y el carisma de las actrices y los actores disuelven y desarticulan el pensamiento crítico de mucha de la audiencia (tengan 13 años o sean adultos/as) y, parece ser, de las encargadas de realizar este estudio patrocinado por el Ministerio de Igualdad.
[1] En el documento se define a estas mujeres del siguiente modo: «Son mujeres que viven por y para los hombres, incapaces de generar ideas y tomar decisiones propias, se dejan guiar por su pareja, ponen el centro de interés en el “amor” y la relación de pareja» (p. 33).
[2] Trata otros temas, como la homosexualidad de mujeres y hombres, la salud mental, la clase social, las drogas, los estudios, el debate interculturalidad/multiculturalidad, etc.
[3] Si bien en España hemos avanzado al menos en que la opinión pública repruebe el machismo, sin embargo, la observación de las narraciones mediáticas nos dice que este no ha desaparecido, sí quizá se ha rebajado en su caracterización más hostil, ahora se sigue desenvolviendo con ciertas “sutilezas”. De ahí que hayamos querido medirlo en sus facetas de comentarios, actitudes y acciones. Dentro de estas acciones, también se ha considerado el machismo benevolente, en esta forma no se observa el insulto o la denigración de las mujeres sino todo lo contrario, será a través del halago o la adulación como se quiere seguir perpetuando la subordinación femenina. Así mismo, hemos contabilizado como actitud machista, los comentarios, acciones o actitudes homófobas o tránsfobas, tanto en la versión hostil como la benevolente» (p. 58).
[4] Patricia Ortega, «Detenido por abuso de menores Torbe, el ‘rey’ del porno español», El País, 27/IV/2006. https://elpais.com/politica/2016/04/26/actualidad/1461692598_155136.html.
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